domingo, 6 de febrero de 2011

La sana costumbre de cazar talentos para investigar

Sobre el papel, es fácil. Cinco años de licenciatura, cinco más para el doctorado y un tercer lustro para estancias posdoctorales. A partir de ahí, uno ya estaría preparado, si ha trabajado intensamente todo este tiempo, para dirigir su propio grupo de investigación. No es habitual que ocurra tal cosa, y en España es casi impensable, pero lo cierto es que liderar un laboratorio con 33 años no debería ser tan excepcional como parece, si se atiende a los mencionados plazos.
Este ha sido el caso de Daniel López, licenciado en la Universidad de Murcia que con esos años lidera un equipo en el Instituto de Biología Molecular (IMIB), en Wurzburgo (Alemania). Tras repasar su trayectoria, que incluye una beca posdoctoral en Harvard (EEUU) antes de recalar en su actual posición, considera que "no es una edad nada rara para empezar un grupo", y advierte: "No soy ningún superdotado ni nada así". Eso sí, concede, hace falta salir fuera: "Es difícil tener un grupo a esta edad estés donde estés, pero en España es imposible. No creo que hubiese oportunidad".
López y su equipo se dedican al estudio de la diferenciación celular en bacterias, un trabajo que es útil para prevenir infecciones hospitalarias, como las neumonías o las causadas por estafilococos. En las comunidades de microbios, como en las de personas, se da el fenómeno de la "división del trabajo, con subpoblaciones de células que se especializan en realizar una acción concreta", según explica el experto español.
Cuando se produce una infección, también se produce este reparto de tareas entre las células, destinado a que el contagio se extienda lo máximo posible. "Nosotros estudiamos eso, cómo se coordinan entre ellas para que tenga éxito la infección, y así podemos intentar bloquear este fenómeno", detalla López. El IMIB, inaugurado en 2009, es un centro especializado en microbiología y enfermedades infecciosas, cuyo objetivo declarado es situarse de aquí a pocos años en la vanguardia mundial de este área biomédica.
El laboratorio que dirige López ha recibido algunas ayudas para despegar del propio Instituto al que pertenece -"como préstamos sin intereses y a fondo perdido", aclara-, pero el resto de la financiación lo tiene que buscar cada grupo de forma independiente, ya sea en Alemania, en Europa o en el ámbito de la empresa privada. "Hay varias opciones", resume el investigador.
Líneas propias
Esta responsabilidad -que se traduce tanto en la posibilidad de llevar líneas de investigación propias como en la necesidad de encontrar dinero para ponerlas en marcha- se fundamenta en un sistema de contratación muy distinto del que es habitual en la mayor parte de centros de investigación españoles.
El Instituto alemán, cuyo director tiene 42 años y también comenzó muy joven a tener grupos a su cargo, se nutre de nuevos investigadores mediante un procedimiento de caza de talentos, en lugar del modelo funcionarial del concurso de plazas.
"Tienen personas concretas escritas en un folio y las invitan a que den una charla y conozcan el centro", describe López. "Y, si todo va bien, les lanzan una oferta a la semana siguiente". Esa figura del buscador de talentos, que este doctor considera "necesaria", la encarna más que nadie el propio director del IMIB, Jörg Vogel. "Tiene un olfato especial, y también muchos contactos", explica el investigador español, quien reconoce que nunca ha concursado por una plaza en España ni conoce cuál es el procedimiento.
Etapa decisiva
"Las cosas serían muy, pero que muy diferentes" de haberse quedado, aventura, pero añade: "Tenía claro que quería irme. Lo decidí antes de acabar la tesis". Una etapa decisiva en su carrera, la cual se prolongó hasta hace un año, fue su paso por Harvard: "Hacer ciencia allí es como más... no sé, todo funciona bien y las cosas salen, no se pierde el tiempo poniendo a punto técnicas", recuerda, y pone un ejemplo: "Yo no trabajo con 'E. coli' [una bacteria intestinal común], pero la utilizo de vez en cuando. No soy un experto en ella y si me surge un problema quizás me cueste trabajo resolverlo. Pero en Harvard sólo tengo que levantarme de la silla, coger el ascensor y visitar al profesor John Beckwitt, que es un experto en 'E. coli' y la primera persona que clonó un gen".
La cooperación con otros investigadores es, de hecho, una de las prácticas que más valora López, aunque admite que no siempre es posible llevarla a buen término: "Creo que tiene mucho que ver que seas un científico de cierta importancia para s ni pensar que todo el mundo quiere quitarte tu trabajo", zanja este experto.
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/01/27/biociencia/1296158808.html

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