lunes, 12 de julio de 2010

El medicamento es más eficaz si se toma a tiempo

La cronoterapia " sigue los ritmos del cuerpo: menos efectos secundarios , mayor eficacia
MILAN - "La cortisona se consideró una "bestia" . Hoy hemos roto , sabemos cómo se lo toman a los pacientes para reducir al mínimo los efectos secundarios y el máximo beneficio . " Palabra de Maurizio Cutolo , Jefe de la Unidad de Reumatología del Departamento de Medicina Interna de la Universidad de Génova y presidente de el último congreso de la Liga Europea Contra el Reumatismo (EULAR) , que se celebró recientemente en Roma. Cuando se reveló el "secreto" para utilizar el mejor de cortisona : cronoterapia , o la administración de drogas momento preciso , cumpliendo con los ritmos del cuerpo .
RITMOS - El concepto es simple , en realidad. Nadie soñaría con la administración de insulina a un diabético en algún momento del día: el mismo debe ser para cortisona para aquellos que sufren de enfermedades reumáticas , ya que el tratamiento debe " adaptarse " a los cambios en las actividades de nuestro cuerpo, los ritmos Circadiano renunciar a las 24 horas. Los esteroides , de hecho, se usa para compensar el déficit de cortisol típicos de las enfermedades reumáticas y las enfermedades en las que hay un compromiso del sistema inflamatorio o inmunológico. El cuerpo de la respuesta inflamatoria inmune y está activo durante la noche es tres , por ejemplo, que hay una fase de la secreción de TNF y el cortisol. Así que si queremos tener el máximo impacto en la dosis mínima , corticosteroides deben llegar en un círculo alrededor de ese tiempo . " Los relojes "internos" de nuestro cuerpo constantemente influir en los cambios biológicos que ocurren en el cuerpo humano , incluyendo la secreción de hormonas - explica Cutolo -. Por lo tanto , las deficiencias en el ciclo diario del metabolismo de las hormonas glucocorticoides pueden contribuir a los síntomas inflamatorios característicos en el momento de despertar. "
Cortisona - Para despertar un poco " menos rígidos y menos riesgo de efectos secundarios , por lo que es bueno dar la cortisona en el momento adecuado , cuando realmente debe "conectar " un agujero porque el metabolismo está en una etapa que no produce suficiente cortisol . Para tener éxito hoy en día, existen formulaciones de esteroides que usted toma diez de la noche y liberar el fármaco en andandolo a las tres de la mañana : proporcionar cuerpo cuando se necesita no está en peligro de sobredosis (de hecho , puede utilizar dosis más bajas ) y disminuye la probabilidad de efectos secundarios. "Sistemas de liberación modificada reducir la rigidez de las articulaciones de la mañana, además de proporcionar los mismos beneficios terapéuticos de las formulaciones clásicas - dice -. Cutolo Numerosos estudios han confirmado la eficacia de la cortisona en la artritis reumatoide , ya sea solo o sobre todo en combinación con otros fármacos. La cronoterapia nos enseña que es posible mejorar aún más el tratamiento de pacientes con esteroides simplemente por respetar los ritmos biológicos de la producción de hormonas por el cuerpo. ¿Por qué no debemos olvidar nunca que incluso la cortisona es una hormona. Los efectos secundarios derivados de su "solapamiento" injustificada dado el trafico de drogas en el metabolismo normal de los esteroides, que al igual que todos los procesos orgánicos tiene su propio ritmo circadiano . Intervenir en el momento equivocado aumenta la probabilidad de que más daño que bien al ir sobre el sistema : de esto es que el tiempo de la cortisona tiene su gran importancia. http://www.corriere.it/salute/reumatologia/10_luglio_08/medicina-ora-giusta_80f33560-803f-11df-85d3-00144f02aabe.shtml

El coladero de las patentes españolas

Los científicos españoles no están acostumbrados a proteger sus resultados
El afán por publicar y obtener reconocimiento es el principal lastre para patentar
Algunos países, como EEUU, se están aprovechando de estas circunstancias .

MADRID.- Si Unamuno levantara la cabeza y oteara el panorama científico español seguramente volvería a gritar aquella frase que a base de repetirla se ha tatuado en nuestro cerebro: '¡Que inventen ellos!'. Un siglo después de su cita, don Miguel podría comprobar que nuestros investigadores publican más que nunca pero que, al igual que pasaba hace un siglo, eso no se traduce en riqueza. ¿Qué funciona mal en nuestro sistema? ¿Por qué estamos creando ideas que luego explotan otros? ¿Cómo se podrían generar patentes con denominación de origen?
"En España en los últimos 30-40 años hemos avanzado espectacularmente. Hay muchos investigadores que publican en las mejores revistas del mundo, hablamos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), de otros muchos grupos que están repartidos por universidades de sitios muy atípicos como Sevilla, Santander, Oviedo, Gijón�En este tiempo hemos creado la base de la pirámide. Pero ahora bien, la ciencia verdaderamente importante es la que se traslada a la realidad económica, la que hace que países como EEUU inviertan más en ella. Eso todavía no ha ocurrido en España", afirma José López-Barneo en su despacho del Hospital Virgen del Rocío en Sevilla.
Un gran avance, quizás, porque venimos de un gran desierto, o atraso. Como recuerda otro investigador español, Modesto Orozco, del Instituto de Investigación Biomédica (IRB) y director del Centro Nacional de Supercomputación, "No hace mucho España era un país de artistas y toreros. La sociedad no creía en la ciencia. Recuerdo al inicio de mi tesis, que teníamos que ponerle una pinza a los lápices para que duraran más y las puntas de las micropipetas, que tenían tritio [radiactividad], se limpiaban una por una, una cosa bochornosa". Ahora, con 48 años, ve cómo esa situación ha cambiado para mejor. Sin embargo, cree que ese cambio no es suficiente. "La diferencia en nuestro país entre el número de artículos científicos publicados y el número de patentes es tremenda. Eso significa que, en cierta manera, se está tirando el dinero porque se está generando mucho conocimiento que acaban aprovechando otros".
Y como ejemplo de estos testimonios están los pocos números que existen sobre ciencia española. Si en 2002 estábamos en el puesto duodécimo de la clasificación ISI Web of Knowledge, un sistema que evalúa el número de publicaciones y citas generadas por cada país, en 2009 habíamos ascendido al puesto noveno. Pero esa productividad en investigación no se ha traducido en una mayor transferencia tecnológica, en más riqueza.
Según un informe del Observatorio de Empresas de Base Tecnológica (EBT) vinculadas al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), realizado en 2009, estas empresas "adolecen de un tamaño excesivamente pequeño, con una estructuración de su capital cuando menos cuestionable". O lo que es lo mismo, el 21% de las 57 compañías analizadas no cuenta con ningún asalariado: el 45% tiene menos de 10 empleados; un 17%, menos de 20 y tan sólo otro 17% puede presumir de disponer de una plantilla que oscila entre 20 y 49 asalariados. En cuanto a los sueldos, en el caso de las pequeñas empresas el coste del trabajador para la compañía no superaba los 25.000 euros anuales en 2002. Y en cuanto a la rentabilidad económica, los resultados de todas son negativos.
¿Por qué, a pesar del gran número de publicaciones que hacen nuestros científicos, sus resultados no generan productos y las empresas españolas no salen a flote? Una primera respuesta la da el propio informe: "La ausencia de un procedimiento de creación de EBT y transferencia de activos públicos a las nuevas iniciativas privadas transparente, trazable, conocido y auditable en sus retornos genera zonas de sombra que en nada ayudan a impulsar el espíritu emprendedor y el cambio cultural que al mundo científico le reclama la Sociedad para cumplir su Misión".
Además, como apunta Modesto Orozco, la falta de conocimiento y de convicción en las posibilidades de la ciencia española es fundamental. "Hay una desconexión total entre el discurso de potenciar el I+D+i y la habilitación de unos cauces, unos mecanismos, para que engrasen el sistema y sea más fácil el trasvase del investigador a la sociedad".
El desconocimiento se encuentra en todos los niveles. Para empezar, los científicos no saben cómo proteger sus resultados. "Muchos investigadores desconocen que si dan un seminario en Europa y cuentan sus resultados ya no los pueden patentar. En EEUU sí, en Europa no (la legislación es diferente). Además, las oficinas de patentes en las universidades tampoco son 'para echar cohetes'. Hacen lo que pueden� afirma Luís Serrano, biólogo molecular del Centro de Regulación Genómica de Barcelona (CRG), uno de los centros españoles con mayor fama internacional.
Problema político
Según este científico, no se trata sólo de una asignatura pendiente para los investigadores, "creo que también es un problema político. Muchas veces se habla con la boca pequeña sobre la economía del conocimiento. La verdad es que un político piensa a cuatro años vista. Se elige finalmente la inversión en turismo, que genera una riqueza a corto plazo. En Ciencia nos falta la parte de traslación, y esto a veces los políticos no lo entienden. Necesitamos los mecanismos para ir de la investigación básica de calidad a la empresa. Alguien tendría que pensar un plan global de ciencia. No hace falta reinventar nada, hay que sentarse y ver cómo se hace en otros países".
Y mientras ocurre eso, fuera de nuestras fronteras se están aprovechando de nuestras carencias internas. Como muestra un botón. Luís Plaza, investigador del Instituto de Estudios Documentales sobre Ciencia y Tecnología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que realizó en 2004 un análisis de la literatura científica que aparece citada en las páginas de las patentes estadounidenses, detectó que el 40% de las citas se refería a trabajos de autores españoles que se habían publicado en revistas de investigación básica incluidas en la base de datos ISI. "El análisis de las patentes permite conocer hacia qué países, instituciones, empresas y sectores tecnológicos fluye ese conocimiento [generado por nuestros investigadores]", explica en su estudio publicado en la 'Revista Española de Documentación Científica'. ¿Ha cambiado algo en estos seis años?
"En España, el reconocimiento y financiación de la actividad investigadora y las políticas de incentivos se basan, fundamentalmente, en la evaluación de la producción científica del investigador, medida, casi exclusivamente, a través del número y factor de impacto de las publicaciones [� Esta situación lleva a los investigadores a publicar lo más rápidamente posible sus resultados. Práctica que está en clara oposición con uno de los requisitos imprescindibles para solicitar una patente, que es el de la absoluta novedad de lo que se pretende proteger", afirma en otro artículo Luís Plaza. http://www.elmundo.es/elmundosalud/2010/07/12/biociencia/1278916619.html

Cómo pasar del laboratorio a la innovación

Desde 1988 existen organismos que intermedian entre el científico y el empresario
La falta de recursos hace que éstos sean un cuello de botella para hacer transferencia.

ANGELES LÓPEZ.- Lo más difícil es generar innovación a partir de experimentos españoles. La razón es múltiple: falta de profesionalidad, desentendimiento o porque muchos investigadores no saben 'vender' sus productos. Es una gran carencia de nuestro sistema". Así de rotundo se muestra Augusto Silva, investigador del Centro de Investigaciones Biológicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y anterior director general de Terapias Avanzadas y Trasplantes, ante cómo se está trasladando la ciencia del laboratorio a la empresa en España.
Lo más difícil es generar innovación a partir de experimentos españoles. La razón es múltiple: falta de profesionalidad, desentendimiento o porque muchos investigadores no saben 'vender' sus productos. Es una gran carencia de nuestro sistema". Así de rotundo se muestra Augusto Silva, investigador del Centro de Investigaciones Biológicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y anterior director general de Terapias Avanzadas y Trasplantes, ante cómo se está trasladando la ciencia del laboratorio a la empresa en España. El trasvase de conocimiento en nuestro país tiene una ruta marcada desde hace unos años. A finales de 1988 se crearon las Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRIs) con la tarea de dinamizar las relaciones entre el mundo científico universitario y el de la empresa. Pero precisamente en estas oficinas es donde un gran número de veces se bloquea el flujo de transferencia. Los motivos se pueden resumir, en muchas ocasiones, en la falta de recursos.
"Las OTRIs deberían identificar a los científicos más proactivos, trabajar en línea con ellos, identificar sus ideas innovadoras, evaluarlas y convertirlas en conocimiento tangible, como las patentes. Otra labor es identificar a empresas o instituciones para transformar ese conocimiento en un producto. Todo eso lo deberían coordinar a través de agentes externos", señala Francisco Moreno, director de un programa que tiene en marcha la Fundación Botín para precisamente llevar a cabo esa traslación.
Desde una de estas oficinas, situada en la Universidad Miguel Hernández de Elche, Enma Benlloch, directora de esta OTRI, explica la idiosincrasia de su trabajo: "Tratamos de intentar cumplir la tercera misión de las universidades, la presencia del conocimiento, es decir, tratar de rentabilizar al máximo toda la investigación que se desarrolla".
A través de los planes de formación y grupos de trabajo, las personas que integran las diferentes OTRIs se hacen más expertas en todo el entramado legal y burocrático que conlleva la transferencia. "Las diferentes oficinas tenemos una comunicación en red y así podemos saber cómo los demás se enfrentan a algunos problemas", afirma Enma Benlloch, quien reconoce que este apoyo comunicativo no es suficiente.
Tanto esta especialista como otros expertos consultados por ELMUNDO.es señalan que los recursos que se destinan a estas entidades no son suficientes. "Aunque mi universidad ha ido apostando por nosotros, el tema de la transferencia de conocimiento se ha ido quedando durante unos años como la hermanita pobre [en las administraciones]. Hay que invertir en medios humanos para conseguir avances en investigaciones que están próximas al mercado y que lleguen a él".
Además, la situación de las OTRIs cambia en cada universidad, centro o comunidad autónoma. En algunos centros, el personal que conforma esa oficina es temporal, en otros son becarios o tienen un número pequeño de trabajadores o con poca experiencia.
Iniciativa privada
Pero como apunta Modesto Orozco, del Instituto de Investigación Biomédica (IRB) y director del Centro Nacional de Supercomputación, ambos en Barcelona, "no tenemos por qué pensar que el favorecer la transferencia es sólo una obligación del Gobierno o de la Administración Pública. Las iniciativas privadas tienen que dar un paso adelante".
Programas como el de la Fundación Botín, denominado 'Transferencia Tecnológica', pueden provocar nuevas dinámicas de gestión. "Todo el mundo coincide en que tenemos una investigación básica buena, pero que no se consigue trasladar a la sociedad. Algo falla. Nuestro programa es una estrategia para generar desarrollo", explica Iñigo Sáez de Miera, director general de la Fundación.
Actualmente, la Fundación tiene seleccionados a 22 grupos de científicos a los que, además de ofrecerles una ayuda a cada uno de 220.000 euros anuales, trabaja con ellos para identificar ideas innovadoras, evaluar y valorar sus resultados para ver si merece la pena patentarlos. Todo eso lo realizan gracias a un equipo de gestores, expertos en ciencia y legislación, que asesoran a los investigadores, en coordinación con la OTRI correspondiente, sobre la aplicabilidad de su trabajo y de qué manera deben proteger sus resultados y median en el acuerdo de licencia de la tecnología con la empresa.
Uno de los objetivos es que el investigador sea consciente de que su trabajo puede tener utilidad práctica, que no debe publicarlo lo más rápido posible sin antes proteger sus resultados por si pueden ser patentables y de que se dedique a investigar y no se 'despiste' con las gestiones que puede tener todo el proceso de traslación.
Uno de los científicos dentro de este programa de la Fundación Botín es Juan Valcárcel, biólogo molecular y director de un grupo de investigación en el Centro de Regulación Genómica de Barcelona, quien afirma que antes de participar en este proyecto "tenía muy poco interés en la transferencia tecnológica".
Al igual que otros científicos, "creía que lo más importante era hacer mi trabajo con la mayor calidad posible y ayudar a la educación de estudiantes del doctorado y del postdoctorado. Poco a poco, en estos dos años y medio que llevo colaborando con la Fundación, hemos cambiado la manera de trabajar y de pensar en el laboratorio, tenemos en cuenta cómo orientar nuestro trabajo para que sea aplicable y cómo proteger nuestros resultados. Es ver un poco más allá, se trata de cambiar el chip. Y lo hemos hecho, porque nos han dado total libertad, se sientan con nosotros y nos dicen ‘no queremos que hagas nada diferente, sólo queremos saber en qué trabajas para ver si tiene utilidad. Éste es un concepto pionero en España".
Como apunta Francisco Moreno, "nos hemos enfrentado a una página en blanco desde el primer día. No podemos copiar otros modelos, porque no estamos en EEUU sino en 'Castilla la Vieja', es otra filosofía. Pero lo que queremos demostrar es que aquí surgen ideas novedosas y que se necesitan empresas para desarrollarlas. Si no es así, vendrán de fuera y se las llevarán. No se trata de un problema de dinero sino de convicción y, sobre todo, de una cuestión cultural".
Si los investigadores son el primer eslabón de la cadena, y es fundamental su visión práctica, en el último eslabón de transferencia tecnológica se encuentra la empresa. Sin embargo, "el entramado biotecnológico en España es débil y no tiene muchos apoyos. Si no hay una red de empresas que puedan interesarse por tu producto, apaga y vámonos. Crear tu propia 'spin-off' ahora da pánico... tal como está la economía y lo poco que se mueve el dinero", apunta Augusto Silva.
Una explicación a esta situación podría ser la que apunta Eduardo González, presidente de Genetrix, el mayor grupo de compañías biotecnológicas en España: "Se trata de un sector joven. Además, las empresas biotecnológicas están trabajando en proyectos de largo recorrido y es muy difícil que en seis años facturen algo. Sin embargo, para mí es un sector que está funcionando", señala.
En cuanto a una comparativa con otros países. González apunta los dos polos. Por un lado, "se puede decir que en España la ciencia ya es madura, pero a nivel de traslación nos falta mucho recorrido. Con respecto a EEUU estaremos a unos 10 años por detrás. Existe poca cultura de protección de los resultados científicos y creo que esa es una labor de las OTRIs. Ahí sí que tenemos un exceso de juventud, aunque creo que en los últimos tres o cuatro años han experimentado una transformación a mejor. Nosotros apoyamos la ciencia pero la que tenga un sentido de mercado. Apostamos por ideas innovadoras".
Para llevar a buen puerto los acuerdos entre las compañías y las instituciones públicas se necesita "confianza y entendimiento para no retrasar los procesos. Esta interlocución antes era larga y tediosa porque desde el medio público existía mucho recelo hacia la parte privada, y por desconocimiento. Ahora, como se va cogiendo más experiencia, todo es más dinámico, aunque todavía queda mucho camino", señala González.