En noviembre del 2010, Amancio Ortega, el hombre más rico de España, plantó a José Luis Rodríguez Zapatero, presidente de su país. El gobernante quería decirle que de él, así como de otros empresarios de su patria, dependía el resurgimiento ante la crisis. Pero a Ortega, quien tiene alrededor de 90.000 empleados en 140 países y que ha construido su imperio con su trabajo desmedido, eso de la crisis no lo distrae. No hizo un plan de contingencia para sortear los problemas de la economía española; por el contrario: mejoró la eficiencia de sus tiendas (la atención y el empaque se hicieron más rápidos y agradables) y el tiempo del diseño de las prendas se redujo. Sus inversiones tampoco se detuvieron: en el 2009 abrió 650 nuevos locales en el mundo y compró edificios por US$980 millones en EE.UU. Es su forma de ser: ir para adelante sin especulaciones. Esa misma cualidad le hizo cambiar su modelo de negocio en los 70, de ser solo productor textil a cubrir toda la cadena de valor. Y usa esa misma cualidad para esconderse, no distraerse en entrevistas ni aparecer en las páginas sociales. Es el hombre más poderoso de la industria de la moda, pero nunca estuvo encima de una pasarela.
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sábado, 15 de enero de 2011
El millonario desconocido
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